La poesía es una conversación: entrevista con Rita Laura Segato
En El camino de regreso,1 el primer poemario de Rita Segato (Buenos Aires, 1951), la escritora argentina afirma que es a partir de su escritura poética —una vocación hasta ahora desconocida por quienes hemos seguido su trayectoria como antropóloga, etnomusicóloga, pensadora decolonial y activista feminista— que se define migrante.
Rita Segato (RS): Ya nos conocimos, ¿no?
Sara Uribe (SU): Sí, en Guadalajara, en 2024. Estuve en ese desayuno con Julia Santibáñez,2 cuando saliste del clóset como poeta.
RS: Eras vos.
SU: Era yo.
RS: Tengo un problema. Tengo la misma neurodivergencia que Brad Pitt. Es lo único que tengo de parecido con él: no reconozco rostros. A veces ni el mío. Se llama prosopagnosia y es horrible, porque a veces veo a una señora en el espejo y digo “guau, tiene mi mismo vestido, ¿cómo puede ser?” Y soy yo.
SU: Eso da, para un poema, Rita, pero comencemos hablando del primer poema de tu libro. En él escribes que el país que habitabas era un barco que se internaba hacia el invierno. Las presencias de ese navío llevaban muertos azulados en la proa y aun así arrojaban “papelitos pequeños y brillantes hacia el mar anterior y hacia el cielo del verano que fue”. ¿Podrías volver un poco la mirada a ese mar y contarnos cómo adviene tu aliento poético?
RS: Yo empecé a escribir poemas a los 6 años. En 1974, de cuando es este poema, no había computador. Aquí en Brasilia tengo aún varios cajones con papelitos sin transcribir. El de los 6 años no lo tengo, pero sé que se lo escribí a mi maestra del primer grado y casi me acuerdo lo que dice. Mi mamá leía mucha poesía y me hacía recitarla porque su papá había sido poeta. Me crie junto con la poesía.
SU: ¿Cómo se teje la poética de esa muchacha de veintitrés años?
RS: A esa muchacha siempre, en su vida cotidiana, en sus quehaceres, de repente le salía esa sensibilidad. Yo nunca dije me voy a sentar para ver qué escribo. Cuando estos poemas salieron quedé sorprendidísima, porque no soy yo, esta yo que te está hablando, quien los escribió: es un sujeto poético misterioso, arcano, subterráneo. En el libro pongo una línea de Borges que dice: “No existe el poeta al que no le ocurran por lo menos treinta momentos poéticos en un año”. Cuando venían esos momentos salía de mi vida cotidiana y entraba en ese sujeto poético. Ahora, en el presente, cuando leíste recién mi poema, me doy cuenta de que estoy reencontrándome. Este libro en realidad es una biografía.
SU: ¿Es como ese desconocimiento de tu propio rostro del que me hablabas?
RS: Exactamente. Ahora que el libro se publicó estoy espejeándome y reconociéndome. Tengo 74 años y empiezo a ver que fue en mis ensayos y en mi trayectoria de análisis donde me escondí cuando supe lo doloroso que es tener esta sensibilidad poética, esta hipersensibilidad que es un problema. Vos también la tenés.
SU: Sí. Y sí es un problema.
RS: Es que una percibe cuando una persona la tiene. Es maravillosa porque te permite escribir, pensar la realidad, pero cargar toda la vida esa hipersensibilidad es otra cosa. Y yo siempre quise ser feliz. Y es lo que está surgiendo en mí ahora. Las personas que vienen a mis conferencias se dan cuenta: me estoy volviendo una comediante. Mi sentido del humor me defiende. Ahora me río muchísimo. Tengo todo el sentido del humor que no tuve durante esa vida.
SU: De poeta…
RS: Sí. El humor es una cosa que te transforma en dueña de tu vida, te da raíz. Pero me hiciste pensar con tu pregunta. Pensé en muchas cosas en las que creímos y nos equivocamos. Los deseos del bien (sic), de igualdad, de justicia, de paz, son deseos que mantengo, pero los caminos por los que fuimos estuvieron equivocados. Quizás ese barco hoy también me representa. En la proa están tirando felices papelitos, hay consignas y canciones porque piensan que por ahí se llega a algún lugar. En la popa nos damos cuenta. Y esa popa es el presente, creo.
Cortesía de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura UNAM.
SU: En otro poema de esa misma sección hablas desde un yo toro y después, en otros versos, la voz poética confronta la espesura del mar y a la naturaleza propia, pero siempre con una visión desde la colectividad. Esto lo conecté con tu libro La crítica de la colonialidad en ocho ensayos y una antropología por demanda, ¿cómo dialoga tu poesía con las miradas otras?
RS: En el presente hablo mucho de pensar en conversación. Hay naciones que han olvidado el arte de la conversación y nuestros países, nuestros pueblos, no. Nosotros todavía sabemos conversar y eso es fundamental. Conversando se piensa mejor, nos iluminamos muchísimo más.
SU: ¿Entonces la poesía es una conversación?
RS: La poesía es una conversación. Preguntar y pensar en conversación se vuelve lo que nos hace humanos o ex-humanos.
SU: Más adelante, en poemas que escribiste ya en Venezuela, te defines como migrante.
RS: Fui migrante toda mi vida.
SU: Escribes: “La lluvia para los inmigrantes tiene la significación de las flores que estarán naciendo y muriendo en los jardines abandonados”. Y luego: “Hemos llegado desde lejos, casi en la zozobra del mar, sin ropas. Dejamos atrás solo tridentes herrumbrados y el pan áspero del campo. Somos sobrevivientes”. Además, en La nación y sus otros. Raza, etnicidad y diversidad religiosa en tiempo de políticas de identidad indagas la experiencia territorial contemporánea, los márgenes y los límites de la idea de nación y de las políticas de la identidad. ¿Cómo entender, desde tu propia experiencia, el estado actual de la crisis migrante?
RS: Hay diferentes tipos de migrantes. Unos añoran llegar a donde quieren llegar, a esa tierra prometida: son los que van hacia el norte. Mi caso no fue así. La migración tiene dos orígenes: la expulsión y la aspiración, la ilusión del deseo. Mi origen fue el de la expulsión. Yo no quería irme a ningún lugar. Aunque sí quería conocer el mundo, no puedo traicionar esa idea. Desde chica me imaginé viajante. O sea, hay algo que no pude resolver en mi ser. Te puedo decir lo que se me viene a la cabeza, ¿no?
SU: Adelante.
RS: Cuando era chica, los domingos se escuchaba fútbol por todas partes. Y, para decírtelo en argentino, me rompía las pelotas mal. Me daba una sensación de mismidad, de un arraigo que no quería. Hay mundos que son claustrofóbicos y pequeños. Mi mundo, en parte, era eso. La otra parte era la poesía: rebelde, insurgente, desobediente. Porque sí, yo siempre fui una persona de lengua viperina, según mi mamá. Ahora, tendríamos que pensar en quienes emigran porque son expulsados. La gente huye porque no se puede vivir en Honduras, El Salvador, Guatemala: son territorios de extrema crueldad y violencia. Para quienes migran por el sueño del norte, al llegar allá, el dolor que sienten por la tierra distante y lo perdido es muy grande. Por milenios los vínculos fueron fundamentales y de repente hemos llegado a esta época de individualismo extremo. En el presente existen dos proyectos históricos de felicidad. El proyecto histórico de los vínculos, que crea comunalidad, y el proyecto histórico de las cosas. Lo fundamental de estos proyectos antagónicos es que el proyecto histórico de los vínculos exige el sacrificio de cosas, y el proyecto histórico de las cosas exige el sacrificio de vínculos. Y hay un momento en que la guillotina cae y tenés que elegir y siempre tenés que elegir qué preferís perder.
SU: Me quedo pensando ahora en tus vínculos con el feminismo. Dices en uno de tus poemas: “No escribo como mujer: ¡estoy ausente del feminismo desde hace tanto tiempo!/No escribo desde un exilio que no acaba: ¡nunca tuve casa!/No reconozco nada y por nada me dejo reconocer. Quizás sea mi único derecho”. Me interesa poner estos versos a dialogar con la crítica al feminismo blanco, institucional y de misión civilizatoria que haces en Contra-pedagogías de la crueldad. Ese feminismo que pretende imponer una narrativa de sufrimiento inmemorial a las mujeres de los pueblos originarios para venir a salvarlas con el proyecto modernizador del desarrollo.
RS: Déjame que te cuente sobre el caso Sepur Zarco: un peritaje sobre mujeres guatemaltecas, cuyos maridos fueron a Ciudad de Guatemala a reclamar las tierras que ocupaban. Ellos fueron secuestrados, torturados hasta la muerte y ellas sometidas a esclavitud sexual y doméstica. Entonces, cuando estaba por comenzar a escribir, se hizo una presentación a la que llegaron mujeres del movimiento feminista y vino también la Cooperación Española.3 Cuando empiezo a hablar, levantan la mano y dicen que no están de acuerdo, que ellas piensan que la crueldad, que la violencia contra las mujeres, por ejemplo, en esos casos horribles cometidos durante el periodo de los años ochenta, durante la represión guatemalteca de Ríos Montt, se originaron en los hogares indígenas porque eran patriarcales. Ahí surgió una Rita enfurecida. ¿Cómo vas a revictimizar a la víctima diciéndole que su pueblo tiene la culpa de lo que le ocurrió? Fui tomada por una furia. Jamás olvido ese episodio. No, esa fue una violencia de manual. Las cosas que se hicieron ahí se hicieron también en Vietnam.
SU: ¿Por eso construyes la diferenciación entre el patriarcado de baja intensidad y el patriarcado colonial?
RS: Exactamente. Y esta diferenciación me ha valido muchas enemistades porque me argumentan: “No, pero el indio golpea a su mujer”. Ahora la golpea, ahora el indio y el hombre negro se encuentran en lo que se llama una posición bisagra. O sea, frente al blanco se emasculan, agachan la cabeza. ¿Y dónde es que recuperan su masculinidad? En la violencia contra los suyos. La conquista no es sólo una conquista por las armas. La conquista es una conquista de la mirada del hombre sobre el mundo. Cuando el hombre es derrotado, lo acata. Nosotras no. La mujer no tiene derrota.
SU: Qué enorme afirmación: “La mujer no tiene derrota”.
RS: No, no tiene. Sobrevivimos de cualquier forma. Lo dijo Ruth Landes en 1943: “El derrotado en la conquista es el hombre, no es la mujer”. Pero falta pensar tantas cosas. Y también a veces encuentro citadas cosas que nunca dije. Yo nunca hablé de empoderarse, porque si uno tiene poder, el otro no tiene. Yo no quiero empoderarme. El feminismo no pasa por el empoderarse. Yo quiero cultivar un tipo de soberanía que es la nuestra, que es otra y que viene de otra historia. Una soberanía de las mujeres. Yo no quiero tomar ningún poder. No creo en un feminismo de mujeres contra hombres. Nuestra lucha y nuestro camino no es por las mujeres: es por la humanidad. Si las ideas de las grandes feministas, si el pensamiento de las mujeres llega a destino, tendremos una humanidad mejor.
SU: Quiero cerrar con la melancolía. En tu poema “Llegada”, dices: “Nunca llegué a coincidir completamente conmigo misma./Esa no coincidencia se llama melancolía./Esa melancolía significa la imposibilidad absoluta del aquí y ahora. ¿Será que finalmente conseguiré llegar ahora y aquí a mí misma?”. Rita, ¿ha sido la poesía todos estos años el camino de regreso a ti misma?
RS: Bueno, ése es el misterio, el milagro de El camino de regreso: hay un reencuentro conmigo que es absolutamente liberador. Me encontré con una parte que estaba oculta, en un sótano. Imagina una casa que tiene una puerta en el suelo y que, al levantar esa puerta, de ahí vienen fantasmas, pero no son fantasmas, son presencias: son poemas. Lo experimenté como un cambio de piel. Como una cobra cuando ya no puede crecer más porque su piel le queda chica. Mi cambio de piel ocurrió cuando sale mi poesía. La poesía estaba en el sótano, bajo una puerta cerrada y yo no tenía ya coraje de levantar la manija y dejarla salir. Hoy me permito ser yo misma de una forma que no me permití por mucho tiempo.
SU: ¿Estás escribiendo algo?
RS: No. Quizás ya llegué a destino.
SU: Cruzo los dedos para que haya más poesía tuya en el futuro.
RS: Bueno, te agradezco que hayas llegado a aquella mesa aquel día. Ese día abrió una compuerta fundamental en mi vida.
SU: Gracias a ti por tu poesía.
RS: A vos, Sara. Ojalá que nos volvamos a encontrar.
Rita Laura Segato, El camino de regreso. Poemas, Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2025.
Imagen de portada: Rita Segato en la FIL Guadalajara, 2025. Cortesía de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura UNAM.
Segato, Rita Laura, El camino de regreso. Poemas, Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2025. ↩
Poeta, titular de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la UNAM. ↩
Se trata de la cara más visible de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Cooperación Española data de 1988. ↩